
Anthropic, la empresa detrás de Claude AI, aspira a una valoración de entre 1,5 y 2 billones de dólares en su salida a bolsa, según informaciones publicadas.
La salida a bolsa de Anthropic: extinción humana, euforia por la IA y quién paga la factura
Grete Suarez
29 oct 2026
Llamémoslo el gran ajuste de cuentas bursátil: la prueba de fuego definitiva para la inteligencia artificial.
El discurso de los gurús tecnológicos a los pequeños inversores es de sobra conocido: "es la oportunidad única de una generación para entrar pronto en la tecnología más transformadora del siglo, de la mano de la empresa que está detrás de Claude. ¿Que no te suena? Será que no estás en el círculo de los iniciados, pero créeme cuando te digo que la inteligencia artificial lo va a cambiar todo." Según este argumento, quien no invierta ahora corre el riesgo de perderse una rentabilidad extraordinaria.
¿He mencionado que, según las informaciones publicadas, Anthropic aspira a una valoración de entre 1,5 y 2 billones de dólares, pese a que su valoración comunicada en mayo fue de 965.000 millones? Eso son hasta 2.000.000.000.000 dólares. La mayoría tendríamos suerte si viéramos cinco o seis de esos ceros en nuestra cuenta bancaria.
Suena de maravilla, hasta que empiezas a escarbar en las cifras y descubres que algunas de esas grandes promesas siguen basándose en el argumento de porque yo lo valgo. La tecnología es revolucionaria, las valoraciones no paran de subir y los grandes inversores insisten en que el futuro será más extraordinario de lo que nadie imagina. Pero invertir en una oferta pública inicial (OPI) exige algo más que promesas sobre lo que podría ocurrir. Hay que saber si la empresa puede generar suficiente efectivo para justificar las cantidades astronómicas que se están invirtiendo en ella.
El folleto preliminar de la salida a bolsa de Anthropic, presentado ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) el 26 de octubre, ofrece cifras impresionantes de crecimiento de los ingresos. Sin embargo, sus compromisos de infraestructura son aún más yuuuuuger (enorme, para quienes no estén familiarizados con el trumpismo). El documento plantea preguntas de calado: ¿puede mantenerse el auge de la inversión en IA sin inyectar todavía más dinero? ¿O acabarán los pequeños inversores cargando con el coste desorbitado de toda la infraestructura necesaria para alimentarlo?
Y, sobre todo, ¿qué significa todo esto para ti, que inviertes desde España? Vamos a verlo.
La rentabilidad de la IA sigue siendo una incógnita
«Pese a las enormes inversiones y al bombo generalizado en torno a la inteligencia artificial, la tecnología no ha generado ningún beneficio financiero para las empresas estadounidenses ajenas al sector tecnológico», escribió Torsten Slok, economista jefe de Apollo Global Management, en una nota del 24 de octubre.
Slok comparó los ingresos por empleado y los márgenes de beneficio de las siete grandes tecnológicas conocidas como las Magnificent Seven con los de las otras 493 empresas del S&P 500. Según su análisis, ambos indicadores mejoraban en las siete grandes, mientras que permanecían estancados en el resto. Tampoco encontraba pruebas claras de que la IA estuviera acelerando el crecimiento de la productividad. Además, advertía de que las empresas tradicionales empezaban a tratar el gasto en IA como un coste, en lugar de como una fuente de crecimiento.
Eso no significa que la IA no haya aportado ningún beneficio. Las empresas que han adoptado esta tecnología necesitan tiempo para comprobar si realmente mejora su productividad y si esas ganancias compensan el coste de integrarla en sus operaciones. Pero el análisis también pone de manifiesto lo difícil que resulta para las empresas ajenas al sector tecnológico convertir la adopción de la IA en mayores beneficios, mientras la industria sigue invirtiendo miles de millones en la infraestructura necesaria para sostenerla.
Marc Andreessen, cofundador y socio general de la firma de capital riesgo Andreessen Horowitz, ofrece una visión mucho más optimista. En su ensayo de 2023, «Por qué la IA salvará el mundo», defendió que la inteligencia artificial podría mejorar casi todos los aspectos de la vida, y comparó su potencial con el de la electricidad y los microchips.
Pero antes de dar por buenas sus predicciones, conviene ponerlas en contexto. Su firma invierte en empresas tecnológicas y Andreessen tiene un interés económico e ideológico explícito en el éxito de la IA. Eso no significa que su argumento sea erróneo, pero los inversores deberían preguntarse quién habla, qué puede ganar y si existen pruebas independientes que respalden sus afirmaciones. El mismo escrutinio debería aplicarse a los analistas que ensalzan el potencial de una salida a bolsa de IA.
Los ingresos de Anthropic crecen. Sus obligaciones también
El folleto de registro S-1 de Anthropic muestra que sus ingresos pasaron de 386 millones de dólares en 2024 a 4.585 millones en 2025. En el primer semestre de 2026 alcanzaron los 16.286 millones, frente a los 1.163 millones del mismo periodo del año anterior.
Los clientes quieren sus productos, pero desarrollarlos y mantenerlos en funcionamiento sale caro. En 2025, los gastos operativos en computación e infraestructura sumaron 7.326 millones de dólares, una cifra superior a los ingresos de todo el año. En el primer semestre de 2026 ascendieron a 8.945 millones, frente a unos ingresos de 16.286 millones. La proporción está mejorando, pero eso no demuestra por sí solo que el negocio sea sostenible.
Y después están los compromisos futuros. A 30 de junio de 2026, Anthropic había declarado compromisos fijos o mínimos garantizados de 265.600 millones de dólares en computación e infraestructura, con contratos de entre uno y 20 años. También comunicó obligaciones futuras estimadas por 321.400 millones de dólares correspondientes a contratos de arrendamiento ya firmados, pero todavía no iniciados, principalmente para infraestructura informática. Son categorías distintas: no deben interpretarse como facturas que vencen hoy ni sumarse sin más.
La escala es descomunal. Los compromisos mínimos pueden mantenerse incluso si la demanda se queda corta. A 30 de junio, Anthropic disponía de 112.400 millones de dólares en efectivo y equivalentes, además de otros 19.300 millones en inversiones a corto plazo. Pero quien se plantee invertir en su salida a bolsa estará apostando a que los clientes seguirán gastando y que los ingresos crecerán lo bastante rápido como para cubrir esos costes de infraestructura cuando toque pagarlos.
El problema de la financiación circular
Puede sonar a estafa piramidal, pero las relaciones circulares entre fabricantes de chips, desarrolladores de IA, proveedores de servicios en la nube y grandes plataformas tecnológicas están bien documentadas. Las grandes tecnológicas pueden invertir en empresas de IA, proporcionarles capacidad informática, distribuir sus productos y, al mismo tiempo, competir con ellas desarrollando sus propios modelos.
El dinero circula en varias direcciones. Un inversor aporta capital a una empresa de IA, que gasta parte de ese dinero en servicios en la nube. El proveedor registra ese gasto como ingresos y puede aprovechar su solidez financiera para invertir más en IA. Esas inversiones contribuyen a financiar nuevos gastos en infraestructura y refuerzan las expectativas de crecimiento futuro.
Son operaciones reales, y la financiación circular no implica fraude por sí misma. Pero puede hacer que el ecosistema sea más vulnerable si el crecimiento declarado depende demasiado de inversiones y gastos interconectados entre un grupo relativamente reducido de empresas, en lugar de apoyarse en la demanda de clientes independientes. La pregunta es si estas compañías pueden generar una rentabilidad atractiva gracias a clientes dispuestos a pagar por productos y servicios de IA, sin depender de la misma red de inversores y proveedores para mantener el flujo de dinero.
El Banco de Pagos Internacionales (BPI) planteó preocupaciones similares en su informe de enero de 2026, «Financiar el auge de la IA: de los flujos de caja a la deuda». El organismo advirtió de que el volumen previsto de inversión en IA exigiría pasar de la financiación con flujos de caja operativos a una mayor dependencia de la deuda, con un papel creciente del crédito privado. La sostenibilidad del auge de la IA, señaló, depende de que las empresas cumplan unas expectativas de beneficios muy elevadas.
Si financiarse se vuelve más caro o los inversores pierden la confianza, las empresas de IA podrían recortar el gasto. Eso reduciría los ingresos de los proveedores de infraestructura y podría debilitar el valor de las inversiones estratégicas. Una desaceleración de la financiación podría extenderse por toda la industria, incluso aunque las empresas siguieran utilizando la IA.
Los riesgos de la IA de Anthropic van más allá de la salida a bolsa
El folleto de Anthropic advierte de que unos sistemas de IA suficientemente avanzados podrían plantear «riesgos catastróficos o existenciales para la sociedad» si no se desarrollan y despliegan de forma responsable. Entre las posibles consecuencias menciona incluso la extinción humana. Es una advertencia llamativa por parte de una empresa que busca captar dinero del público para seguir ampliando esta tecnología. Las aproximadamente 93 páginas dedicadas a los factores de riesgo también abordan la competencia, la regulación, la ciberseguridad, la responsabilidad legal y otros posibles daños que podrían minar la confianza de los clientes o frenar el crecimiento futuro.
Los riesgos no se limitan a los inversores. Los centros de datos necesitan electricidad, agua, suelo y capacidad de conexión a la red. En España, donde la escasez de agua y los costes energéticos ya son motivo de preocupación, la expansión de la infraestructura de IA tiene consecuencias para los hogares y las empresas, además de para los accionistas. En Generation Wealth hemos analizado estas presiones en nuestro artículo sobre centros de datos, escasez de agua y facturas energéticas en Andalucía.
La IA podría impulsar la productividad, crear empresas y favorecer empleos mejor remunerados. Pero sus beneficios podrían repartirse de forma desigual, mientras los trabajadores afrontan incertidumbre sobre la automatización, los salarios y los costes de reciclaje profesional. En nuestro análisis sobre el crecimiento de la IA y su impacto en los trabajadores y las finanzas personales examinamos lo que esto podría significar para los ingresos y el empleo.
¿Deberían los inversores españoles comprar acciones de Anthropic?
No todos los días sale a bolsa un gigante tecnológico que promete riqueza y abundancia a quienes se suban al tren a tiempo. En España, donde las salidas a bolsa de semejante calibre son aún más excepcionales, la tentación de entrar pronto puede ser todavía mayor. Pero conviene actuar con cautela. Los pequeños inversores deben entender cómo funciona una OPV, qué implica el precio de salida y con qué facilidad una empresa prometedora puede convertirse en una acción sobrevalorada. Ya hemos advertido sobre los riesgos de dejarse llevar por la euforia de las salidas a bolsa, también en nuestro artículo sobre cómo invertir en una OPV.
Anthropic podría convertirse en una de las empresas que definan la era de la IA y ofrecer oportunidades reales de crecimiento. Pero comprar sus acciones también implica apostar a que la adopción de la IA seguirá aumentando a un ritmo que justifique el precio que los inversores tengan que pagar. Una tecnología extraordinaria y una empresa que crece deprisa no son, por sí solas, garantía de una buena inversión.
Quizá el riesgo de extinguirnos como especie sea un precio pequeño que pagar por la tecnología más revolucionaria de la historia de la humanidad, una que promete traernos por fin la abundancia. Aunque, claro, puede que no estemos aquí para disfrutarla. Una idea bastante macabra, ¿no?

Grete Suarez es periodista financiera y cubre finanzas personales e inversión en España; ex Goldman Sachs y Deloitte, con artículos publicados en Quartz y Yahoo Finance, y productora de noticias en directo para CNN y Fox Business.
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